
Esta semana fuimos a visitar a nuestros amigos Mark y Emma que se han comprado una casa más grande. Y además hacen doblete en cuanto a buenas noticias porque van a ser papás. Lo malo es que la casa requiere bastante trabajo, y no van a poder posponer ni una cosa... ni la otra. En cuanto vi la entrada y la cocina, les pregunté si el último ocupante (u ocupanta, como dirían algunos de nuestros políticos) era quizás una abuelita. Y así era.
Las paredes estaban empapeladas al estilo de los años 70; la moqueta, que no tuvimos el gusto de conocer, la tuvieron que quitar para poder mudarse, ya que estaba en muy mal estado; tienen que poner ventanas nuevas con doble acristalamiento (¡por el frío, no por el ruido!) y tendrán que cambiar todo el suelo que es de madera generalmente (sí, también por el frío...). Además la calefacción no funcionaba bien y tuvieron que avisar al fontanero el primer día... En fin, la lista es interminable. El caso es que se enfrentan a unos meses de obras. Y de dulce espera.
Todos estos problemas son comunes en las casas aquí, aunque no de golpe. Las viviendas suelen ser antiguas, de diferentes épocas, y de eso y de las mejoras hechas por los propietarios anteriores depende su estado.
Después de anunciar nuestra boda, John y yo nos encontramos a una tía mía por la Calle Cruz Conde que me preguntó:
- Niña, ¿pero vosotros vais a poner piso en Córdoba?
Pues de momento, no... ni en Belfast tampoco, ya que aquí apenas hay pisos. En una ocasión en el Empire, (un bar que era antes una iglesia)en el club de la comedia un invitado de Estados Unidos dijo a modo de broma que si Spiderman viniera a Belfast se desplazaría a golpe de taxi...

John y yo compramos una casa en Belfast construída en los años 30. Por la época en que se construyó, supongo que la la zona estaba considerada como las afueras de la ciudad. Hoy está integrada en un barrio. Es una casa típica de dos plantas con muchos elementos victorianos, como el ventanal de la planta baja (bay window),vidrieras de colores con formas florales en la puerta y las ventanas, la fachada un poco rústica, cubierta de chinos, y una cosa muy curiosa es que el cuarto de baño en su día estaba separado en dos: un retrete, es decir, un cubículo en el que sólo cabe el wáter y el usuario y al lado, el baño en sí con lavabo y bañera (el bidet aquí no existe y es tabú hablar de él). El suelo de la entrada es un “terrazzo” italiano.

Esto en su día debió de ser un toque un poco lujoso. Se dice que este suelo lo hacían sólo los Italianos que vinieron aquí a principios del siglo pasado (principalmete a trabajar en los astilleros) y al parecer no dejaban a los trabajadores de la ciudad que aprendieran este arte, para tener asegurado el trabajo. ¿O quizás pensaban que los Irlandeses no lo iban a hacer con tanto arte como ellos?

Cuando mi madre nos visitó el año pasado, una de las cosas que más le llamó la atención es que la puerta principal tiene pequeñas ventanas por las que si te asomas, “se ve”. Sí. Y además la puerta no es blindada ni hay alarmas de hogar en el vecindario. Aquí (de momento) no hay robos. Otra curiosidad es que no hay braseros. Con los suelos de madera y la moqueta, no es seguro. Ademas ponemos la calefacción todo el año... y no un ratito. Aun así mi madre me ha hecho unas faldillas para la mesa que han quedado muy bien – ¡gracias mami!
La primera vez que fui a ver la casa en que vivimos, tuve una experiencia faubista. La entrada era azul, la cocina, rosa fucsia, el salón, azul oscuro y plata en paredes alternas, ¡el baño, rojo! (¡incluido el techo!), un dormitorio verde quirófano, otro crema y otro azul claro. La moqueta, rústica, los muebles, modernos. La pobre casa necesitaba, como dicen por aquí, “TLC” o “tender love and care”. Vaya, un poquito de comprension y cariño y sin proponérnoslo mucho, lo estamos consiguiendo.
-Pero, la próxima vez que nos compremos una casa...
le dije a John un día después de que se fueran el electricista y el fontanero:
-... que sea nueva. ¡ Y si puede ser, en España!
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