En
Irlanda del Norte es muy popular hacer arreglos en casa sin llamar al albañil u otro personal cualificado. Total, ¡siempre te dejan tirada cuando los necesitas! Mi amiga Lola tiene varias historias de gente que la han dejado plantada después de haberse pedido el día de vacaciones en el trabajo, y, total, un día desperdiciado.
Por aquello de que en Inglés los acrónimos les encantan para acortar frases más o menos largas como “asap” (tan pronto como puedas ) o una de las últimas , las
WAGS (mujeres y novias de los futbolistas), hay almacenes que se llaman de “D.I.Y” (Hazlo tú mismo). Hasta uno de éstos,
B & Q, me desplacé la otra noche en medio de la primera helada de la temporada para comprar un
aparato para quitarle el papel de las paredes a la habitación de invitados que tenemos en casa. Cuando llegué a la caja a pagar, me preguntó la cajera:
- ¿Quieres un árbol de Navidad natural?
- (Ya estamos con el márketing pre-navideño)No, gracias.
Respondí yo. Ya tenemos un árbol artificial que está muy bien. Y además yo estoy un poco en contra de la tala de pinos para usarlos 15 días sólo. Cuando digo un poco, me refiero a que no soy una loca tipo Greenpeace ¡y desde luego que no me encadenaría a uno!
- Es que son gratis por una compra superior a £30.
- Ah… ¿sí?
Me lo empecé a pensar...
- Bueno, vale.
- ¿Ves aquellos árboles al lado de la puerta? Pues coge el que te guste y te lo llevas.
Para qué diría que sí…
Cojo el árbol y me lo echo al hombro como en las películas y loca de contenta. Casi me salía el ¡HoHoHo! sin querer. Verás la sorpresa que le voy a dar a John. Y si no lo usamos, se lo regalamos a sus hermanas… Abro el maletero del Micra y si la vista no me falla mucho, me parece que el árbol no cabe ni en broma. ¿Ahora qué hago? ¿Entro otra vez y lo devuelvo disimuladamente? Además el Micra es de dos puertas. ¿Cabrá atrás? Unos achuchones y entra. Primer obstáculo salvado.
Llego a casa y me encuentro a John aparcando.
- ¡Mira lo que traigo!
Le digo con cara de emoción.
John pone una cara muy rara al mirar por la ventana.
- What's that?
- ¡Es un árbol de Navidad de verdad! ¡Me lo han regalado!
- Bueno pues yo estoy hasta arriba de trabajo así que lo pones tú... ¿no?
Dice John. Jeje. ¡Convencido!
Llega el Viernes y después de trabajar me voy al patio trasero con una antorcha y me lío a escarbar como una loca en la poca tierra que tenemos (donde debería haber flores, la verdad sea dicha) para rellenar la maceta del árbol. Que digo yo que los vecinos que me vean pensarán que estoy enterrando un muerto o cualquier cosa sospechosa. El perro de la vecina se pone a ladrar como un poseso (cosa normal en él) y empieza a lloviznar. Y el árbol no se tiene en el macetón ni un segundo. ¡Qué lío! Tiene mucho peso y apenas tronco por abajo con lo que no se queda sujeto. ¡Idea! Entro en casa y cojo una sierra del maletín de herramientas de John que, por otra parte, nunca usamos. Mas sospechoso todavía. ¡A oscuras y serrando! Le quito unas pocas ramas inferiores y … tampoco. Entro en casa desesperada y envuelta en sudor, lluvia y las malditas púas del pino me han destrozado las muñecas y las manos. Por suerte mi cuñado Paul está en casa y me explica que necesitaré algo así como un trípode muy pesado con tres tornillos grandes que bloquean el tronco del árbol. ¿Y dónde lo encuentro? Obstáculo segundo no superado. Todavía.
Sábado por la mañana. John está estudiando en la biblioteca todo el día así que tengo tiempo para mis correrías. Me voy a
Asda, el supermercado más popular ahora en el Reino Unido. Al llegar hay un perrillo atado en la puerta que está dando unos berrido espantosos. Cuando entro me doy cuenta de que está asustado de un Papá Noel gigante que se mueve y canta. Me río sola de ver el mosqueo que tiene el animal. Pregunto por el dichoso trípode y nada. Me voy y al poner la compra en el Micra, pasa un abuelito por mi lado, ve la pegatina del toro de
Osborne en mi coche y me dice con una sonrisa picarona:
- “¡Sspana!”
- ¡Eso es!
Le digo yo. La gente está de buen humor. Será el espíritu de la Navidad…
Después de preguntar en varios sitios, en el camino a casa veo una tienda de fruta con árboles de Navidad en la puerta. Volantazo total. Hay que preguntar.
- Mire, que me han regalado un árbol de Navidad de verdad y no sé cómo ponerlo.
- Tu lo que necesitas es un pincho.
- ¿Cómorrrr?
- Mira , como éste. Y me los enseña.
- ¡Aahhhh!
- Le haces un agujero en el centro con un berbiquí y le metes el tornillo en el centro.
- (Bueno, pues que lo haga John)
- ¡Habemus pinchum! ¿Cuánto es?
- £7
- Pues tenga y Feliz Navidad.
Y antes de irme me saco la cámara del bolso y le hago una foto a un árbol de exposición por si las moscas… Obstáculo segundo superado.
Entre que compro el dichoso pincho y consigo que John lo ponga pasan unos días. Y en ese tiempo me dedico a quitarle el papel de las paredes y el techo (varias capas) a la habitación de invitados para intentar tenerla bien antes de Navidad. El problema es que cuando empiezo a quitar el papel del techo cae una arenilla un poco preocupante hasta que al fin se desvelan unas grietas con una mala pinta que para qué. Casi como en el
Arcángel.
Resultado: No puedo continuar con la “obra menor” y ahora tenemos que esperar a los albañiles que nos van a hacer el cuarto de baño en Enero para que le echen un vistazo y un poco de cemento.
Después de tanto jaleo, ponemos el árbol y otros adornos… ¡al lado de las camas del cuarto de invitados que hemos tenido que bajar al salón! ¡Qué glamour! ¿Qué pensaría Naty Abascal de este diseño exclusivo de interiores?
El año que viene será mejor… ¡Feliz Navidad!